La Defuncion website / Spain, autumn 2002

"Blutopfer puede definirse como un auténtico documento sonoro de una de las tradiciones más sorprendentes de nuestro país.

Se trata del ritual que desde hace siglos se celebra, durante la Semana Santa, en la villa de Calanda (provincia de Teruel), situada exactamente en la confluencia de los ríos Guadalope y Guadalopillo, al dejar éstos las montañas y penetrar en el Bajo Aragón.

Este curioso ritual consiste en el redoblar de cientos de tambores durante el Viernes y Sábado Santo, redobles que llegan a hacer temblar el suelo. Tan curioso fenómeno produjo un gran impacto en este proyecto alemán y como consecuencia se ha editado "Blutopfer" como un tributo a este impresionante evento y en agradecimiento a las gentes de Calanda, lugar que Apoptose visitó en 1998.

Calanda es un pueblo de origen celtíberico, pero por sus tierras pasaron romanos y árabes. No hay estudios históricos rigurosos sobre el origen del uso de los tambores en la Semana Santa. La utilización del tambor como instrumento de celebraciones populares se relata que comenzó allá por la primavera de 1127, cuando sirvió para avisar a la población de una inminente invasión árabe. Esta tradición volvió a resurgir en 1640 como acción de gracias por lo que se ha dado en llamar el milagro de Calanda, restitución de una pierna previamente amputada a un vecino de esta villa, por intercesión de la virgen. En otros manuscritos ya se recoge el significado religioso de la percusión. Un sacerdote calondino, Mosén Vicente Allanegui, a parte de organizar muchos de los ritos y costumbres que se celebran hoy en día, compuso el redoble de la marcha palillera, según dicen el más peculiar.

En este disco, bajo una acertada base electrónica de corte oscuro, se recogen los distintos ritmos de los tambores que Apoptose recogió durante su visita. Quizás no parezca oportuno explicar como transcurre la fiesta pero, creo que si lo hago se podrá comprender mejor lo que se escucha en este disco y será un apoyo para entrar en situación. Así pues, lo explicaré a groso modo:

Todo comienza cuando el reloj de la Torre del Pilar inicia la cuenta de las doce, en la mañana del Viernes Santo calandino, es lo que llaman "romper la hora", y es aquí cuando el sonido de los redobles se convierte en un lenguaje expresivo. A la primera campanada de las doce del reloj de la iglesia, un estruendo enorme, como si de un gran trueno se tratara, retumba en el pueblo. Todos los tambores redoblan a la vez.

Pasan dos horas redoblando así y luego se forma una procesión llamada El Pregón, que sale de la plaza principal y da la vuelta al pueblo. Va tanta gente que los últimos aún no han salido cuando los primeros ya llegan por el otro lado. En la procesión van soldados romanos, centuriones, un general romano y un personaje llamado Longinos. Estos dos últimos se baten en duelo en un momento determinado de la procesión, haciendo los tambores un corro en torno a los dos contendientes.

Hacia las cinco todo ha terminado, tras un momento de silencio los tambores vuelven a sonar para no callar hasta el día siguiente al mediodía. Los redobles se rigen por cinco o seis ritmos diferentes. Cuando dos grupos que siguen ritmos distintos se encuentran al doblar una esquina, se paran frente a frente, y entonces se produce un auténtico duelo de ritmos que puede durar más de una hora. El grupo más débil asume entonces el ritmo del más fuerte.

Los percusionistas parecen estar en trance y el sonido que emana de sus tambores hace temblar el suelo, e incluso si se pone la mano en la pared de una casa se siente la vibración. Al amanecer los tambores se tiñen de sangre, es la que fluye de las heridas manos de los percusionistas tras tantas horas golpeando sus tambores. Es quizás por este detalle que este disco se llama "Blutopfer", que en alemán quiere decir algo así como "sacrificio de sangre".

A la primera campanada de las dos de la tarde, todos los tambores enmudecen hasta el año siguiente. Pero la huella que dejan los primitivos ritmos es tal que, ya de vuelta a la vida cotidiana, los ecos de los tambores siguen resonando en todos los que han vivido la fiesta. Incluso los vecinos de Calanda aún hablan a tirones, siguiendo el ritmo de los tambores dormidos.

Esto viene a ser un resumen de la fascinante fiesta del tambor que ha inspirado este trabajo. Probablemente más que un comentario del disco pueda parecer un artículo de dicha celebración pero, pienso que es conveniente la explicación ya que en el interior del cd también se hace.
La presentación es en digipack de cartón, tipo tríptico, con fondo violeta y en el que aparecen sobreimpresas varias fotos de tambores y la de una mano. Es evidente la referencia al color violeta o púrpura, color también elegido para el cd, pues es este color el que predomina durante la Semana Santa de Calanda en los vestidos de la mayoría de las cofradías que salen a la calle con los tambores.

En fin, no se puede explicar con facilidad el contenido musical de este cd, es un cúmulo de sensaciones. A través de los siete temas que lo componen, ninguno con letra, se puede escuchar los distintos ritmos que se tocan, e incluso se oye como ruido de fondo las voces de la gente. Estos ritmos provenientes de cajas y bombos se entrelazan con unas bases de teclado densas y atmosféricas, que ayudan a crear el paisaje ideal para el estruendoso ruido. Lo mejor es escucharlo.

Como amante del mundo de la percusión que soy este disco ha sido todo un hallazgo para mí. Ha representado una oportunidad para conocer la existencia de este ritual en España, ritual que quiero vivir golpeando un tambor algún día."

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